viernes, 29 de abril de 2016

Presentación

La Hacienda de Tilipulo se encuentra en la parroquia Poaló, a 7 kilómetros del cantón Latacunga, en la provincia de Cotopaxi, la casona está en el barrio de Tilipulo, a 12 minutos aproximadamente del centro de Latacunga; para ello, se debe ir por el Paso Lateral de Latacunga e ingresar por la entrada a Poalo, es una reliquia arquitectónica colonial.

Esta hacienda es un lugar tranquilo y acogedor que dentro de su construcción y jardines guarda historias memoriales para los latacungueños y ecuatorianos.
Cuenta con un patio de piedra que permite el acceso al pozo de agua cristalina. El ingreso a este lugar es estrecho, es un graderío de piedra. Cada visitante deja una moneda en el pozo por un deseo
En sus instalaciones podemos apreciar un viejo reloj de sol, un grueso árbol de eucalipto con 146 años encima, seis patios, 14 habitaciones, una laguna artificial y una iglesia con tanta resonancia que nunca ha necesitado micrófonos, en la terraza de la Hacienda está el teléfono de aire. Existen dos extremos de 30 metros donde las personas se pueden comunicar y su voz se escucha a la distancia que está la otra persona. En la edificación destacan las columnas redondas en los corredores. Hay un lugar donde existe filtrado de agua de piedra pómez con carbón en su interior, de esta manera las personas de la época purificaban el agua, estas y otras cualidades son parte de la Hacienda de Tilipulo, una construcción del siglo XVIII hermosa que incluso albergó varios días al científico Alejando Von Humboldt.
En su época de gloria, esta hacienda  fue uno de los obrajes más importantes de la región. Aquí, los indígenas cultivaban lino y seda, e hilaban lana de llama para confeccionar ponchos, fajas y bayetas. Sacerdotes franciscanos, caciques indígenas y familias criollas han sido propietarios de la casa hacienda de Tilipulo.
En uno de los patios, por ejemplo, hay un árbol de eucalipto aromático donado por el ex-presidente García Moreno y que fue uno de los 4 primeros árboles de eucalipto que llegaron al Ecuador. En la parte trasera de la casa está el calabozo donde sufrieron muchos indígenas; más atrás hay una especie de pozo que también sirvió como pasadizo para escapar en época de guerra, y claro, están los muros de piedra pómez, pegados con una mezcla compuesta por sangre de animal, miel de caña, cebo, huevo y barro.

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