La Hacienda de Tilipulo se encuentra en la parroquia
Poaló, a 7 kilómetros del cantón Latacunga, en la provincia de Cotopaxi, la casona está
en el barrio de Tilipulo, a 12 minutos aproximadamente del centro de
Latacunga; para ello, se debe ir por el Paso Lateral de Latacunga e
ingresar por la entrada a Poalo, es una reliquia arquitectónica
colonial.
Esta hacienda es un lugar tranquilo y acogedor que dentro de su
construcción y jardines guarda historias memoriales para los
latacungueños y ecuatorianos.
Cuenta con un patio de piedra que permite el acceso al pozo de agua
cristalina. El ingreso a este lugar es estrecho, es un graderío de
piedra. Cada visitante deja una moneda en el pozo por un deseo
En sus instalaciones podemos apreciar un viejo reloj de sol, un grueso árbol de eucalipto con
146 años encima, seis patios, 14 habitaciones, una laguna artificial y
una iglesia con tanta resonancia que nunca ha necesitado micrófonos, en la terraza de la Hacienda está el teléfono de aire. Existen dos
extremos de 30 metros donde las personas se pueden comunicar y su voz se
escucha a la distancia que está la otra persona.
En la edificación destacan las columnas redondas en los corredores. Hay
un lugar donde existe filtrado de agua de piedra pómez con carbón en su
interior, de esta manera las personas de la época purificaban el agua, estas y otras cualidades
son
parte de la Hacienda de Tilipulo, una construcción del siglo XVIII hermosa que incluso albergó varios días al científico
Alejando Von Humboldt.
En su época de gloria, esta hacienda fue uno de
los obrajes más importantes de la región. Aquí, los indígenas
cultivaban lino y seda, e hilaban lana de llama para confeccionar
ponchos, fajas y bayetas. Sacerdotes franciscanos, caciques indígenas y
familias criollas han sido propietarios de la casa hacienda de Tilipulo.
En
uno de los patios, por ejemplo, hay un árbol de eucalipto aromático
donado por el ex-presidente García Moreno y que fue uno de los 4
primeros árboles de eucalipto que llegaron al Ecuador. En la parte trasera de la casa está el calabozo donde
sufrieron muchos indígenas; más atrás hay una especie de pozo que
también sirvió como pasadizo para escapar en época de guerra, y claro,
están los muros de piedra pómez, pegados con una mezcla compuesta por
sangre de animal, miel de caña, cebo, huevo y barro.